Por: Silvino Edward
@SilvinoEdward

¿Quieres saber qué es lo que anda mal en la industria musical?

El problema con la industria no es que falte talento, es la sobredosis del mismo. Entonces el reto de cada artista debe ser crear una propuesta única dentro de todo el ruido saturado que son los medios.

Vayámonos en un viaje con nuestro amigo Gamaliel, un cantautor ficticio de baladas. Gamaliel acaba de ser descubierto por un agente mientras cantaba sus temas en un café. El agente le dice “tienes una linda voz y el ‘look’ de baladista”. Lo firma a su sello. Se lo lleva a un estudio en Miami y le contrata un productor musical. Le graba un disco, con un video, y pone un sencillo en la radio y plataformas digitales.

Lanza su primer sencillo, “Volverás a amar”. Gama Jorge (como se le conoce ahora), comparte el single con amistades; ellos lo comparten con otras personas, y así sucesivamente. Los que la escuchan en la radio, la ‘Shazaamean’ y comienzan a compartirla. Dentro de poco, el video de la canción ha amasado casi 500,000 views en YouTube, en anticipación a su primera producción discográfica – “Yo”.

Al salir el álbum, luego de su exitoso primer sencillo, Gama está “pegao”, su segundo y tercer sencillos son ‘hits’. Su música está en la radio, anuncios y shows de mediodía. El agente le pone el disco en las manos a Enrique Iglesias, quien al escuchar su música decide personalmente comprarle los derechos de distribución en Latinoamérica y Estados Unidos. Gama se encarga de abrir la más reciente gira del hijo de Julio Iglesias, y el resto es historia.

Si todo esto te parece fantasioso, es porque lo es. Tristemente, ésta es la idea que algunos tienen sobre la industria musical. Se creen que todo es tan sencillo como crear una canción “pegajosa”, ponérsela en las manos a personas con “conexiones”, y tan pronto el público la escuche, la pedirá.

El concepto de ‘pegar’ una canción —pasar al “mainstream” de repente— responde a un modelo anticuado de industria; cuando sí era posible, por los limitados medios disponibles, atrapar la atención del público de una. Esto con la ayuda de las personas en control de los medios: disqueras, estaciones de radio, agencias y canales de televisión, entre otros. La conversación entonces era unidireccional, el público no escogía lo que consumía. Ahora la audiencia no es pasiva.

Ahora consumimos, creamos y curamos el contenido todo a la vez. Ganar la atención de cualquier público es un ejercicio de suprema deliberación y ejecución incansable. Más que nunca, la popularidad de un artista depende de factores más allá de su música. Por ejemplo, un artista como DJ Khaled, productor musical y DJ, brilla igual por su trabajo dentro del estudio que por sus videos en Snapchat. Y aunque los videos en fin nutren un interés ulterior por su música; son indispensables para trasladar al público hasta ahí. Sin su canal de Snapchat, Khaled no gozaría del éxito de sus temas en las listas.

Por eso las canciones no pegan. Lo que pega es la conversación entre el artista y su público. No se trata de hacer promocionar sencillos, sino de generar relaciones. El reto del artista entonces parece ser:

1) crear música que represente sus valores, para

2) conversar con audiencias que se identifiquen, y

3) generar comunidades a base de esas conversaciones;

4) utilizando medios más allá de la música.

Interesantemente, la comunidad no se genera alrededor del artista, sino alrededor de los valores que éste representa. La comunidad es tan fuerte como las redes que la sostienen. Las buenas conversaciones tienen moderadores. Las buenas conversaciones también mantienen un hilo conductor, no se van fuera de tema ni traicionan las posturas ya asumidas. Y por último, las buenas conversaciones le dan espacio a todos sus participantes, y se nutren de cada aportación.

Por esto el artista cumple una función de utilidad en la vida de su audiencia, sirve un propósito de ayudarles alcanzar un estilo de vida deseado. Los fanáticos quieren vivir vicariamente a través de los artistas que siguen. A través de la conversación y los valores que les brindan. El público se quiere ver reflejado en el artista; le acude para consejos, para reír o llorar. Lo cierto es que por esta razón, ya la canción no es el centro de atención. La música no es un producto al vacío; la música se recibe como parte de una experiencia mayor. La escuchamos en memes, fan mixes, video juegos, anuncios, programación, campañas y más.

Por eso la pregunta central no es si la canción pegará o no; sino ¿dónde está mi público cuando escucha mi canciones? ¿en qué estado mental está? ¿y en qué estado mental quiere estar cuando haya terminado de escucharla?

El artista ahora está a la merced de su audiencia, y le debe todo el respeto y deferencia a ellos. Ya no es él (o ella) quien tiene la llave de la fama con su música. Ahora el artista tiene que encontrar su público y convencerlos; y será el público quien decidirá el destino del artista.

Silvino Edward

(Miami, FL) Silvino Edward es un artista y abogado de entretenimiento, fundador de la plataforma Starving Artists, un servicio consulta de negocios para creativos (@starvartists / starvartists.com). “Escribo de temas de negocios de entretenimiento, música, arte, cine; opinión sobre cultura popular y tendencias”.