Por: Gazoo Starr 

Antes de adentrarme a ver “Nicky Jam: El Ganador”, estuve durante un mes jugando la historia de “Red Dead Redemption”. En este videojuego, un hombre se deja llevar por ideales contrariados, y una vez intenta salir, ya es muy tarde, y su redención llega al final, dando su propia vida.
La serie “Nicky Jam: El Ganador”, se parece mucho a estas historias de vaqueros y el Viejo Oeste.

Esta serie, dirigida por Jesse Terrero, se desenvuelve tal y como sus videos musicales: una historia que, a veces, a duras pena hace sentido, pero con suficientes culos y visuales llamativos como para atraerte.

La serie parte de una entrevista a Nick Rivera Caminero, amo y señor de las quijadas, y conocido en la calle como Nicky Jam, un verdadero ave fénix del reggaetón. En ella, Nick cuenta su historia, y Jesse Terrero llenó los blancos como le salió del trasero. Esto en parte para tener material para trece capítulos, y en parte para hacer la vida de Nicky más interesante. El problema con esto es que las cosas que cuenta son unas mentiras tan cabronas que no hay quien se las crea. Yo me imagino que a Nicky Jam le mostraron lo que iba a pasar y dijo que estaba bien, porque le subió el “street cred” a millón.

La historia comienza en Nueva York, donde un joven Nicky veía desde las escaleras como su mai’ era una cuera que se clavaba a los machos por droga. También tenía que esperar, después de desayunar en un buffet, a que la mamá pagara con la jaiba lo que se habían comido. De todos los personajes en la serie, ninguna salió más jodía que Doña Isabel, interpretada magistralmente por el bomboncito Monclova y los restos de Yamaris Latorre.

Terrero utilizó sus tecnicas “videomusicalistas” para mostrarnos una de las escenas más desgarradoras, y la pesadilla de cualquiera: Doña Isabel, sin reconocer a Nick, se esnúa y se le ofrece por treinticinco cascos de pesos. Para pelos. No tuve erección por unos largos 10 minutos después de verla.

Por el otro lado, estaba su padre, interpretado muy bien por dos seres que no se quienes son y que no aparecen en el IMBD de la serie. A diferencia de su madre, a este le importan sus hijos y huye de la cárcel para criarlos. Así es como Nicky llega “al Viejo Oeste”, en el este de Puerto Rico.

Las escenas en Puerto Rico son de esas que te sacan de concentración. Te muestran un caserío, pero lo que tiene son callejones y casas que parecen favelas. Cuando te muestran a La Perla, las casas parecen de urbanización. Y ni hablar de como muestran que son los apartamentos de caserío: todos tienen una forma distinta y bien jodíos. Mire, yo me crié visitando a mis tías en los residenciales de Hatillo: todos los apartamentos son iguales. No vengan a cogernos de pendejos.

En una escena van a La Feria, que eso es una verbena cabrona de grande en los predios del mall más grande del Caribe, y aquí te lo presentan como una fiestecita en el patio del caserío donde los que controlaban la entrada eran los bichotes. Ajá. Mámenme el bicho.

Otra cosa que saca de concentración es los acentos de los actores. En ocasiones se supone que son puertorros, pero están hablando con otro acento, como “la abogada” que Nicky se clava que ni intentó hablar como otra cosa que no fuera colombiana. A Yamaris Latorre al final se le olvida hablar como dominicana, aparentemente el acento se le fue al carajo con el detox de droga.

Fuera de eso, la serie cuenta con suficientes “puñetas” y “mamabichos” como para preguntarme cómo carajo Telemundo va a pasar esta serie en la isla. ¿Lo verán a lo mudo? Porque hablan malo con cojones. De hecho, el lenguaje coloquial está tan puertorro que la mitad de latinoamerica no va a entender un divino en par de escenas. Y me alegro, bastante veces veo sus series y no entiendo lo que hablan.

La serie es tan buena como sus actores, y aquí es que la serie sube y baja más que la pinga de Nick Caminero. Nicky Jam es interpretado durante 9 episodios por Darkiel, un rapero de la nueva generación que canta más como Tito El Bambino que como el hombre de las Travesuras. Además, Nicky dice que a él le sobraba carisma, mientras Darkiel tiene el carisma de un sorbeto que vino roto.

No es que Darkiel lo haya hecho mal. Creo que para su primera experiencia como actor, y cargando la trama, tuvo buenos momentos, como cuando se volvió loco tras la muerte de Joshua Pauta. Sin embargo, Darkiel —quien se parece muchísimo a Jovani Vazquez si este último estuviera pasando hambre— piensa que actuar como malote y drogado, es cerrar los ojos y hablar con la quijada, la cual es digna de un Nicky Jam de la vida. A veces pienso que pa’ eso hubiesen usao’ a Baby Rasta como Nicky Jam. Lo peor de Darkiel es cuando intentaba cantar como Nicky Jam. Puñeta, mano. Tenían que hacer un voice over y poner la voz real de Nicky, porque la afeminada voz de Darkiel te saca de la magia de la historia en un segundo. Aún así, Darkiel es lo suficientemente caco y bonitillo para hacerme creer que erael joven parte de la dupla de Los Cangris.

Una vez Nicky Jam empieza a auto-interpretarse, deja de verse tan mamabicho. Al romper con las drogas, aparentemente eso te hace madurar de la noche a la mañana. Nicky Jam interpretó muy bien a Nicky Jam. O sea, ¿qué se puede decir? Nadie conoce mejor a Nicky que él mismo.

En esta serie actuaron varios raperos. Miky Woodz, uno de los mejores raperos de hoy día, hizo de un bichote, y le quedó bien, simplemente que no lo quiero volver a escuchar hablar más. Tiene la voz muy chillona y no asimilo que le pertenece a uno de mis raperos favoritos.

Jon Z hace de otro bichote, y no sé si se supone que su personaje fuera gracioso, pero a mí me mataba de la risa cada vez que entraba a escena. Le quedó hijoe’puta.

Otro que me sorprendió fue Ñengo Flow. Su participación como un presidiario es todo lo que tu te esperarías si te topas con fuckin’ Ñengo en una cárcel. Fue un acierto de la producción la manera que lo usaron.

Una de las mejores interpretaciones fue la de Coti, el cabrón que vuelve a Nicky Jam loco. Desde Zè Pequenho, en “Ciudad de Dios”, no veía a un bichote tan hijo de puta. Su muerte fue digna de una película de vaqueros: él fumándose un último garet antes de aceptar el duelo y caer baleado como guinea.

La serie “El Ganador” es una historia donde Nicky siempre está buscando el amor, o chichando. Y cuando encuentra el amor, se está chichando a otra. Es por ello que vemos un desfile de jevas de las que no debemos encariñarnos porque sabemos que Nicky las va a clavar, preñar, pegárselas y dejarlas, no necesariamente en ese orden.

El primer romance es Aleysha, joven que [como su nombre bien dice] es una yal de caserío. Aleysha, interpretada por Essined Aponte, es el estereotipo de la yal puertorra. Sus escenas de sexo están bien cabronas. Según la historia, ella queda embarazada en el 2000 y todavía en el 2002 no había parido.

Luego le sigue la mamá del tercer hijo de Nicky, interpretada por la hermosa Miriam Pabón. En su única escena le compré el papel de universitaria de chavos que se dejó preñar.

Al irse a Nueva York, Nicky se conecta con par de putas más, pero no es hasta llegar a Puerto Rico que se conecta a una enfermera, interpretada por Catherine Castro, quien aumentó un par de libras y aparece con un culazo descomunal. Esta enfermera es sin lugar a dudas quien más jodida sale en esta relación. Termina adicta a la percocet, y sin chavos pa’ pagar el carro y la casa. En una escena desgarradora, la vemos con martillo en mano rompiendo el cochinito de las pesetas. Miren, lo digo y se me vuelve un taco en la garganta.

Mira Nicky Jam, si estás leyendo esto, más vale que ahora que tienes chavos le pagues la casa y el carro a esa enfermera. No seas cabrón. Tráfala.

Luego de eso tiene par de culos más, pero el nunca olvidó su gran amor, y no es hasta el cierre de la serie, que vemos a la hermosa pareja junta una vez más. Me refiero a Daddy Yankee, su amigo de Los Cangris.

José Arroyo interpreta a Yankee de una manera tan cabrona que da hasta miedo. Ese muchacho hasta se metió creatina y no alzó pesas para verse como Yankee. Caminaba igual de trinco y modulaba la voz como Yankee casi a la perfección. Raymond Ayala, quien ya era un boy scout cuando comienza a formar parte de la vida de Nicky, era la gran pieza de redención que le hacia falta.

Daddy Yankee y Jose Arroyo. La unica diferencia son los tatuajes feos de Raymond.

¿Qué creo de Nicky Jam luego de ver la serie? Que debe ir preso por hijoe’puta. O sea, el cabrón fue parte de un asesinato y aunque no dio el tiro, fue el que persiguió y detuvo al infeliz. Mataron a Cuti como un favor a Nicky Jam, y su reacción fue “gracias mano”. El maricón dejó cojo a un tipo, y si no es porque Yankee comete el delito de encubrimiento lo hubiesen limpiao’. Encima de eso, fue un cabrón con todas las mujeres, y se divorció los otros días, así que debe seguir así.

¿Qué creo de la serie “El Ganador”? Es un guilty pleasure. La trama es risible en momentos, melodramática y, a veces, no hace sentido. Sin embargo tiene algo a su favor: muestra nuestra cultura. Yo he perdido el tiempo viendo peores cosas. Esto por lo menos te recuerda la isla, te recuerda los años de juventud y las tiraeras que tanto nos vivimos cuando chamaquitos.

La serie está llena de embustes, pero igual vemos historias de otros artistas con similar cantidad de embustes, y nos las creemos porque son de otros países. Así que, saben qué: que se joda. Vamos a venderle los embustes de Nicky Jam. La serie es entretenida, y entre todo lo ficticio está la historia de un tipo que todos dimos por acabado, y que volvió a la gloria después de pasar por adicciones y una vida familiar descabronada.

A lo mejor hay mejores programas, pero ninguno es tan malo que es bueno, como este. Altamente recomendado.

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Gazoo Starr

Gazoo Starr es el fundador del legendario blog puertorriqueño La Letrina. Ahogado en el dinero y vaginas que conlleva ser un exitoso blogger en una isla olvidada por Dios, decidió dejarlo todo y dedicarse a conseguir su sueño: trabajar en restaurantes chinos para conseguir la receta perfecta de pepper steak. En su tiempo libre es maestro, y un pendejo a tiempo completo. Besos a los que me recuerdan y flores para el que ya me olvidó.