Por: Iván Caraballo
@ivane91

Posiblemente en los últimos años has visitado un sinnúmero de restaurantes, que han incluido en su oferta culinaria los famosos brunch y las irresistibles mimosas. A la fecha, no conozco a nadie que rechace una mimosa: una bebida mañanera —al menos en la cultura moderna— que mezcla el jugo de naranja con una cava o bebida espumante.

La mimosa es considerada un cóctel suave y refrescante. Tradicionalmente se sirve en una copa de flauta para que no pierda su efervescencia. Es ideal para una mañana sin estrés y perfecto para darle los buenos días al mundo a través de las stories de Instagram. Debe tomarse sin prisa, porque aunque sabe a jugo, las burbujas también harán los suyo. Este cóctel, que se ha convertido en los últimos años en el protagonista de los desayunos tardíos, fiestas y matrimonios, combina tanto con lo dulce, como con lo salado.

La combinación de champán (u otro vino espumoso) con zumo de naranja nació en España, para los 1900, en lugares donde abundaban tanto las naranja como los vinos espumosos, como Valencia, Castellón, Alicante, Cataluña. Se dice que se inventó por error en un hotel español, y su proviene de las flores de la planta de la mimosa.

Hoy, a juzgar por las tendencias culinarias y el afán de pedirle al mesero media onza de jugo y seis de espumante, durante el brunch, bebidas como el café han pasado a un segundo plano. Y es que hay una nueva generación que, religiosamente, acuden a los brunch para disfrutar de un buen desayuno y del famoso bottomless mimosa.

Los restaurantes que han adoptado la tendencia del bottomless mimosa, promocionan que con la compra de un plato principal y equis cantidad de dinero adicional, el cliente recibe una cantidad ilimitada de mimosas. Pero lo que no te dicen, o al menos lo que no sale en las letras pequeñas, es el papelón que podrías terminar haciendo luego de aprovechar esta ganga.

Es por eso que, a continuación, te regalo unos consejos para que nunca dejes caer tu corona mientras disfrutas de un rico brunch con mimosas ilimitadas.

  1. Encuentra la hora correcta. No hay necesidad de llegar a las 9:00 a.m. Desayuna algo Es brunch, no desayuno.
  2. ¡Come! El brunch no es solo para las mimosas. Si vas a tomar, balancéalo con la comida.
  3. Pide el bottmless, pero bebe con cordura. Ahí está el secreto. Recuerda que el brunch es hasta las 3:00 p.m. y apenas comienza el día.

Con esto en mente, estoy seguro de que disfrutas de la efervescencia y la magia de un brunch, sin terminar cantando “Bebé yo te boté”, de mi gran amigo Bad Bunny, encima de una mesa.

Iván Caraballo

Estratega de comunicación, periodista y locutor. Amante de la buena mesa y la mixología. Le fascina combinar lo dulce con lo salado. Es el host del programa digital “Food Truck TV” y aunque está en pausa, no descarta continuar visitando lugares de comida para darlos a conocer a través de las plataformas sociales.