Por: Miladys Soto
@miladyssoto

La realidad es que no recuerdo el momento exacto de cuándo me convertí en una doña ante los ojos del mundo, pero sí lo que siento cada vez que me llaman “señora”.

Fue algo que empezó poco a poco. La clásica situación de un niño que pasa y te dice “señora”, o peor aún, cuando hasta la mamá o el papá reconocen que no eres una jovencita y por lo tanto te llaman igual.

Hace unos meses en un evento informal me presentaron a un hombre al que solo le llevo dos años, ¡y me trató de usted! Y así la vida fue poco a poco recordándome que ya no luzco tan nena y que el tiempo no perdona como dijo el gran divo Juan Gabriel

Al principio sentía indignación, ¿doña yo? Para nada. No podía creer que ya me pusieran ese título cuando me sentía en plena juventud.

En su momento también ignoré las cuatro canas que me aparecieron y seguí con mi música como si tuviera 20 años.

Sin embargo, poco a poco he ido aceptando que soy una doña de 30 años. No por mi apariencia, pero sí por mi mentalidad. Ya no me agobio por lo que me sale mal en la vida, he mejorado de forma notable mi inteligencia emocional, ¡y hasta me he sorprendido diciendo los mismos refranes de mami!

Me encantan las contradicciones, darme el lujo de cambiar de opinión y moverme hacia donde a mi razón le da la gana. La “doñez” también viene con sus pros, y siento que ese es uno de ellos.

Por ejemplo, siempre odié las mascotas y ahora me encantan al punto de que planifico tener un perro pronto. Además, estoy en varios grupos en Facebook, ¡sobre cómo cultivar cactus y suculentas! Primero me pareció súper cool informarme sobre este nuevo hobby que tengo, pero según veo las publicaciones, hay un montón de doñas compartiendo los proyectos tienen en sus casas (son unas expertas, by the way), ¡pero doñas de la edad de mi mamá!

Aún siento que muero un poco cuando me tratan de “señora”, pero sé que voy por el buen camino a la aceptación. Ahora solo me indigno dependiendo de quién me lo diga, y hasta me lo tomo en broma porque ya no tengo más remedio.

Miladys Soto

Periodista y relacionista profesional con ocho años de experiencia. Adicta a los viajes, con la meta (y esperanza) de darle la vuelta al mundo. Fiel creyente de que la última la paga el diablo y que nadie te puede quitar lo bailao. Guilty pleasure: la pizza con piña.