Por: Javier López
@JavLopez14

Hace 27 años atrás un ícono de la música se despedía de este plano terrenal para pasar a mejor vida. No sin antes dejar toda su leyenda para que futuras generaciones lo descubrieran y disfrutaran de su increíble talento.

Freddie Mercury no solo dejó una marca en la historia, él se la grajeó y demostró que alguien puede vivir para siempre a través de la música y sin necesidad de un cuerpo físico.

Lamentablemente, nunca pude ver un show de Queen en vivo y a todo color, ya que nací tarde para ver a este ídolo en el peak de sus talentos. Pero solo bastó con un simple videojuego y muchos clips en Youtube para descubrir la grandeza de este ser.

Ahora bien, para explicarles cómo una banda de los años de Romero Barceló llegó a encantarme tanto, necesito que viajemos en el tiempo.

Cierren sus ojos por un segundo e imaginen que regresamos al año 2010. Estamos aún en high school, no tenemos muchas responsabilidades, La Vampy y Jovani Vázquez aún son desconocidos, Ricardo Rosselló no era un factor, La Comay estaba en televisión y John Cena era campeón.

La vida era buena.

Gran parte de ese 2010 (y gran parte del 2011, 2012, 2013 y el resto de mi vida) lo invertí sentado frente a una consola de videojuegos metiéndole mano a cuanto título pudiese. Específicamente uno llamado Guitar Hero: Warriors of Rock.

Digan lo que digan de los juegos de Guitar Hero y Rock Band, eran una fuente importante para descubrir música clásica que para uno era nueva porque nunca la había escuchado. Es así como escuché por primera vez “Bohemian Rhapsody”. Una balada que de momento es opera y luego pasa a ser un rock bien cheverón y luego regresa a ese piano que te atrapa desde que lo escuchas por primera vez.

Seis minutos más tarde terminé en shock por lo que había escuchado. Ninguna canción, hasta ese punto de mi vida, sonaba lo más remotamente cercano a eso. En ese momento sentí en mis oídos una mezcla de emociones que me llegó hasta el alma. Y así jugaba esa canción una y otra vez hasta sacarla 100 % con mis cinco estrellas de oro.

Poco a poco me fue interesando más en su música. “Bohemian Rhapsody” abrió mi paladar musical a otra dimensión completamente distinta a los sonidos oscuros y metaleros que estaba escuchando en ese momento. Así seguí descubriendo joyas como “Under Pressure”, “Radio Ga Ga” y (mi favorita) “Don’t Stop Me Now”.

Cantar las canciones de Queen a viva voz en mi 4Runner del 95 mientras esquivaba los cráteres en las carreteras de Puerto Rico se convirtió en mi nuevo deporte extremo favorito.

De repente, la vida era un poco mejor cuando escuchaba la voz de Freddie y la guitarra de Brian May.

¿Pero cómo es posible que estás canciones aún sigan sonando y hayan sobrevivido el cruel pasar del tiempo?

Simple, a diferencia de otros artistas, Deacon, May, Taylor y Mercury escribían sus canciones con algo más que el corazón. Solo basta con escuchar “Who Wants to Live Forever” o “Love of my Life” para darse cuenta que esta música va más allá de una simple formula musical para pegar y hacerse de millones.

Y ni hablar de sus shows en vivo. Como dije, solo los he podido ver en Internet, pero incluso a través de la pantalla de un celular la banda entera podía transmitir esa energía inigualable que ponía a sudar a cualquiera.

Mucho se ha hablado de su presentación en el concierto Live Aid en 1985 en Wembley Stadium. En solo 24 minutos Mercury y su ganga tenían a todo el mundo en la palma de su mano. Solo ese simple hecho habla de lo grande que estás cuatro personas podían llegar a ser una vez estaban en esa tarima.

27 años después de la pérdida de Freddie Mercury, su música y legado siguen vivos, especialmente luego del estreno de la película titulada tras su mayor éxito musical. No solo regresó a Queen a la cima de la industria musical, pero también te da a entender que al final del día la calidad siempre prevalece.

Y aunque en esta época la música que suena no sea la mejor, tengan presente que siempre podemos regresar a esa época dorada donde un hombre de bigote épico dominó a todo un estadio con una camisilla, su voz y una increíble música que seguirá presente hasta el final de los días.

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Javier López

Boricua radicado en la Gran Manzana. El huracán María me dio duro, pero más duro es el cuero de la correa con la que mi santa madre me crió. Mi sueño siempre fue ser luchador, pero Dios me dio un cuerpo que apenas pesa 120 libras mojadas. Puedo insultarte en 3 idiomas distintos: español, inglés y túnometecabrasarambiche. Mi meta en esta vida es caerte bien, pero como dice el refrán, ‘no soy un billete de $100.