Por: Miladys Soto
@miladyssoto

Eso le digo a la vida cada vez que se emperra. Y sucede a cada rato. Cuando era una niña y de adolescente, como muchos otros, estaba loca por ser una adulta para hacer lo que me diera la gana sin la presión de nadie.

La cosa es que nadie te habla de las cláusulas, o las letras chiquitas en el contrato de la vida. Y ser un adulto real, apesta muchas de las veces. Desde las madrugadas para ir a trabajar hasta la lentitud del metabolismo. Trabajar la mayor parte de la semana para pagar una renta de un lugar al que solo vas a dormir, para madrugar y volver a irte a trabajar…

En fin, me estoy mudando de apartamento, y por primera vez tuve que ir a solicitar el servicio eléctrico por mi cuenta, a mi nombre. Le comenté a mi mamá y a mi mejor amiga que iba a hacer la gestión y ninguna de las dos me advirtió de la peripecia que era solicitarlo.

Así que llegué a las 9:40 a.m. cuando tenía que entrar a trabajar a las 10:00. Pensé que esos 20 minutos serían suficientes para hacer la gestión. ¡Qué ingenua soy! Al llegar me trataron como bolsa, y me dieron un número: 463. Le pregunto al oficial de esa oficina de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) por cuál número iban y su respuesta destrozó mi corazón, y mi paciencia: 411. Así que faltaban nada menos que 52 personas antes de que me atendieran. Mi paciencia duró 5 minutos. Agarré mis cosas y me largué, con la esperanza de que mañana sea un mejor día.

Un mejor día en el que me tendré que levantar a las 6:00 de la mañana para llegar antes de las 7:30 a ver si logro hacer la gestión antes del mediodía.

Ahí es que añoro aquellos momentos de mi niñez en la que no tenía que preocuparme por pagar renta, luz, internet y 14 cosas más. Cuando solo dormía, jugaba y comía, ¡gratis!.

Definitivamente ser adulto no es nada fácil, pero al menos tiene sus momentos divertidos. Así que trataré de recordarlos cada vez que la vida se me emperre y me haga, por ejemplo, perder horas que no regresarán jamás sentada en espera de servicios en una oficina gubernamental. A ver si me visto de paciencia y dejo de gritar mentalmente, ¡estúpida, mi niñez, idiota!

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Miladys Soto

Periodista y relacionista profesional con ocho años de experiencia. Adicta a los viajes, con la meta (y esperanza) de darle la vuelta al mundo. Fiel creyente de que la última la paga el diablo y que nadie te puede quitar lo bailao. Guilty pleasure: la pizza con piña.