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Carmelo Ortiz

Por: Javier Lamboy
@JavierJLamboy
Especial: A un año del huracán María

Don Cheo estaba en sus medianos cincuentas. Padecía de múltiples condiciones respiratorias y cardiovasculares. Sus necesidades eran innumerables. Poco antes del huracán María le habían habilitado su hogar para que pudiera vivir una vida digna en el seno de su hogar. Se le instaló un ventilador, oxígeno, desfibrilador, entre otros equipos. Don Cheo vivía bien, dentro de sus condiciones. Poco después del huracán su proveedora de salud quiso ver la condición de Don Cheo, monitorearlo. El hogar de Don Cheo quedó intacto. Murió por no tener energía eléctrica luego del huracán.

Cristina es una joven de algunos 15 o 16 años, aproximadamente. Tiene una niña de 6 meses, otra víctima de la poca educación sexual en el País. El donante de esperma la abandonó cuando se enteró que iba a ser padre. En enero, 4 meses después del huracán, un grupo de gente buena de Bayamón, el grupo Sonrisas pa’ mi gente, fue a su barrio a repartir víveres. Cuando se adentran a su casita se dan cuenta que la mitad de su techo no existe. Tampoco FEMA le había provisto de toldo. La oferta de toldos no cubrió la demanda. Cristina vive con su madre, su bebita, un hermanito de 3 años y otros menores, hermanos suyos. Cristi vivió 4 meses casi a la intemperie junto a su familia.

Ambas historias tienen nombres ficticios. El relato es real. “Don Cheo” murió en un pueblo del sur por falta de energía eléctrica. En el caso de “Cristina”, su bebita y sus hermanitos vivieron en el barrio Tanamá de Adjuntas 4 meses casi al aire libre.

Es imposible escribir sobre el manejo de la crisis de María por parte del Gobierno sin ponerle cara. La crisis tiene facciones, tiene nombres, tiene carne y huesos. Cada acto del gobierno afectaba a lo que muchos se refieren como la “gente de a pié”, whatever that means.

Puerto Rico aún se encuentra en una fase de recuperación provocada antes del huracán. Posiblemente tardará más de una década en recuperarse. No estábamos preparados, y titulares, como el que afirmaba que la Autoridad de Energía Eléctrica se encontraba preparada para un huracán, hicieron flaquear a muchos en la fase previa al huracán. Las comunicaciones pre-María del Gobierno fueron fatales. El aparentar ese “todo va a estar bien”, fue un grave error.

Inmediatamente luego del paso María, el Gobierno de Puerto Rico comienza a operar desde el famoso COE (Centro de Operaciones de Emergencia). ¡Una burbuja total! ¿A quién se le ocurrió en el Gobierno que centralizar las operaciones en una isla 100 % incomunicada era lo ideal? El Gobierno de Puerto Rico entendió prudente y razonablemente que el alcalde de Utuado, Adjuntas, Lares, Jayuya, Maricao y Orocovis tenía que ir a San Juan, casi sin haber paso, para pedir cajas de agua, pañales, baterías, y demás víveres necesarios para sobrevivir la emergencia.

Centralizar los trabajos para bregar con la crisis sumó burocracia, ineficiencia, confusión y, como sabemos hoy, provocó que no se tuviera certeza de los suministros que se repartían. De hecho, la desorganización del COE llegó al extremo que una alcaldesa denunció que el Gobierno le envió a su pueblo un vagón repleto de kétchup y mayonesa. Supongo que querían que el municipio fuera “La Capital del Mayoketchup”.

Hablando de vagones: a casi un año de María nos enteramos de la desaparición de decenas de vagones repletos de suministros. En los famosos vagones del olvido había desde camillas hasta agua y pañales. ¿Cómo se le pierde el paso a un vagón que va a nombre del Gobierno, con escolta de la policía o la Guardia Nacional? A mi entender, porque en el COE nadie sabía nada. No había forma de atender la crisis desde un mismo punto. Lo correcto hubiese sido regionalizar los puntos de origen de la ayuda.

La desorganización gubernamental para atender la crisis no era un asunto solo de las agencias estatales. El gobierno federal también demostró incapacidad y desorganización. Así, por ejemplo, se vieron casos en los que en un mismo día tres helicópteros de FEMA distintos llegaron a un mismo pueblo con la misma pregunta: “¿qué hace falta?” Ese día, el municipio no recibió suministros.

Por otro lado, los toldos de FEMA brillaron por su ausencia a semanas del evento, y luego, cuando llegaron, no fueron suficientes. Maybe pensaron que no hacía falta ponerle toldo a una casa sin paredes. A “Cristina” el toldo se lo consiguió un buen samaritano y lo montaron los muchachos del barrio. Todavía vemos cientos de hogares con toldos azules, mientras que FEMA rechazó un 9 7% de las solicitudes de ayuda. ¡97 %, bróder!

Para colmo de males, en medio de la crisis, al gobierno estatal se le ocurre poner en marcha la reorganización de las agencias de seguridad. Crean una sola agencia sombrilla fusionando la Policía, Manejo de Emergencias, Bomberos, Ciencias Forenses, etc. Es decir, las agencias que se estaban encargando de atender la crisis. ¿Qué provocaron? Más burocracia, desorganización e incertidumbre, y todo liderado por el flamante y simpático, Héctor Pesquera. Con la reforma de seguridad se confunden rangos y líneas de mando, y con ello llega el caos. Caos en seguridad y criminalidad, caos en el manejo de la emergencia, caos en el manejo de nuestros muertos.

Sí. Nuestros muertos. “Don Cheo”.

Se han manejado diversos números: primero eran 16, luego elevaron el número (justo luego de Donald Trump salir del país) a treinta y pico; la Universidad de Harvard publicó un primer estudio indicando que eran 4,645; Penn State afirmaba que eran 1,130; la Universidad de George Washington, en un estudio encomendado por el propio gobierno, dice que son 2,975; pero en un segundo estudio Harvard afirma que son 3,433.

La cifra oficial de muertes provocadas por el huracán María por parte del Gobierno es de 2,975. Pero una, una sola muerte provocada por el huracán y mal manejada por el Estado era suficiente. “Don Cheo” no murió solo, murió junto a un recién nacido en el barrio Garzas que no pudo ser atendido luego de la crisis. Murió junto a la abuela de un amigo que su corazón no resistió el impacto de ver su País en cantos.

Soy testigo de la frustración de personas que al llegar a ver a sus pacientes no encontraron nada. En algunos casos no encontrar la casita, en otros ni la casita ni la persona, en otros casos encontrar la casita, pero la persona no: ha muerto. Esa es la realidad de la que Trump se burla mientras nuestro Secretario de Estado, Luis Rivera Marín, le aplaude cabizbajo y con la mano extendida.

También soy testigo de la emigración. Una emigración distinta. No se va solo el pobre, se van jóvenes productivos obligados por la crisis económica preexistente y multiplicada con el azote del huracán. Se nos van los doctores, literalmente. Tengo amigos abogados que también han partido, y ni hablar de mi clase de cuarto año. Si quiero hacer una reunión de la clase es más factible hacerla en Florida.

Pero también hay un aumento en la inmigración, paradójicamente. En las últimas semanas se han visto varias incursiones de inmigrantes procedentes de la querida República Dominicana. Y es que con los esfuerzos de recuperación existe un aumento en la demanda de mano de obra en la construcción. Vienen a trabajar para levantar el País junto a nosotros.

Las comunicaciones son un desastre aún. Tal como la energía eléctrica. Cae un chorrito o sopla un viento, y caen las comunicaciones y la luz. Tal como la plena navideña: venía la brisa, fuá, y me la apagaba. Pero no todo es negativo. En medio de este caos cotidiano se levantan iniciativas como la de la gente de Casa Pueblo, quienes han comenzado un proyecto de energizar solarmente varios comercios y comunidades.

Nuestro País es otro. Pero somos más País (con temor de sonar cursi). El huracán María, tal como nos mostró nuevos chorritos cuando desnudó la montaña, también desnudó las verdaderas intenciones de muchos. Unos intentaron busconear en la crisis. Otros, como los mencionados Sonrisas pa’ mi gente, Casa Pueblo, o el Fuel Relief Fund, que vinieron a Puerto Rico a repartir gasolina, metieron pecho en la crisis para solidarizarse con quien verdaderamente lo necesitaba. El huracán también nos desnudó: nos levantó el velo de la ignorancia y la creencia de ser primermundistas ¡El País no es Torrimar y San Juan! Existen innumerables comunidades pobres, verdaderamente pobres, que María nos hizo mirar.

Nos seguimos levantando hoy por “Don Cheo” y la bebé de “Cristina”. Sin Trump, y a pesar de Trump.

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