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PELEA (diseño)
Este repaso a la carrera de Amy Winehouse
forma parte de una serie de reportajes con motivo de
Marzo: Mes de la Historia de la Mujer.

 

Julio de 2011 fue mi último verano como universitaria. Fue en esa misma fecha que leí la noticia sobre el fallecimiento de Amy Winehouse.

Al momento no sabía mucho de ella. Sabía que su cabellera negra era tan imponente como su voz, y sabía que era la que decía: “They tried to make me go to rehab. I said, no, no, no”.

Fue luego de su muerte que descubrí su música, su vulnerabilidad y la fuerza con que amaba.

Amy Jade Winehouse nació en Londres y nació para cambiar la música. Nació para vivir para siempre. Nosotros los mortales teníamos ante nosotros a una chamaca cuya fusión de soul, R&B, jazz y pop era incomparable.

Se enamoró de la música a los 13 años cuando le regalaron su primera guitarra. Además, cantaba desde pequeña, pues copiaba a su padre, quien le cantaba éxitos de Frank Sinatra.

Marcó la historia con solo dos discos.

El primero, Frank, le abrió las puertas de una industria que le ofrece a las personas los momentos más grandes de felicidad y las emociones más oscuras. Era el 2003 y ella tenía 20 años. “Diría que el jazz es mi propio lenguaje”, comentó en esa época mientras el mundo se preguntaba quién era se muchacha que se salía de la norma.

El segundo álbum, Back To Black, fue con el que revolucionó la música. Este llegó tres años más tarde y dura unos 35 minutos. Y eso mismo, 35 minutos, fue lo que Amy necesitó para cambiar la música para siempre con mezclas de jazz, rock, ska y blues, acompañadas de letras que hacen sentir hasta a esos que aseguran que no sienten.

Con unas 3.26 millones de copias, este disco se convirtió en el más vendido del siglo XXI en el Reino Unido. Y en febrero de 2007 ganó el premio BRIT Award a Mejor Artista Británica.

Asimismo, en Estados Unidos, logró vender más de 20 millones de copias, y en 2008 la cantante había conseguido cinco premios Grammy, incluido Mejor Canción y Mejor Grabación (Rehab). En ese momento, la artista no solo dio de qué hablar por ser la estrella de la noche, sino porque no pudo asistir a la ceremonia (tuvo que comunicarse vía satélite), ya que Estados Unidos le negó el visado por su “uso y abuso de narcóticos”.

“Estas canciones (las de Back to Black) son ​​más accesibles que las pistas en Frank, ya que el jazz es bastante elitista. La gente no lo entendió. He estado escuchando a bandas de los años 60 y grupos de chicas, y eso se reflejó al escribir Back to Black… Hay muchas bandas con influencias de los 60 en este momento, pero creo que soy la única chica que lo está haciendo”, expresó Amy en una entrevista.

Back to Black no solo llegó con vibra sesenteras. También presentaba a una mujer en pleno mal de amores. La misma mujer que un día dijo: “Amo vivir y vivo para amar”, estaba escribiendo las canciones de desamor. Sin embargo, al momento de su muerte, estaba lista para seguir amando.

En entrevista con The Irish Times en 2006 dijo: “No quiero hacer otro disco de screw you songs… Soy una persona muy romántica. No me refiero a lo romántica así de flores y chocolates. Es más como que si está lloviendo, voy a la ventana, aprieto mi nariz contra el vidrio y suspiro por lo hermoso que se ve todo “.

Asimismo, según relata un taxista en el libro Amy, My Daughter, ella “estaba en control” de su música y “era una perfeccionista, reescribía frases e incluso palabras hasta el cansancio… Cuando quería escuchar lo que había cantado, lo pasaba a un CD y luego los ponía en mi taxi. Ella quería saber cómo la mayoría de la gente escucharía su música, que no es a través de sistemas profesionales de estudio”.

Por otra parte, aunque Back to Black tenía pinceladas de los años 60, tampoco era un tributo a la música de esa época. La propuesta de Amy no se parecía a nadie. Cantaba soul y blues con rimas que parecían rap y que eran irreverentes. Esto la llevó a colaborar con raperos como Jay Z , Ghostface Killah y Yasiin Bey. Colaboró además con Nas, quien para muchos es uno de los mejores liricistas de hip hop . Él inspiró el sencillo “Me & Mr Jones”.

“Rehab” también formaba parte de este álbum. Un single que que en 3 minutos con 40 segundos nos enseña que Amy es una artista de tres pares de cojones, es humana igual que usted y yo, y tiene los mismos demonios que cualquier adicto.

Su vida pública era demasiado pública. No había un solo momentos sin los flashes de los fotógrafos. Su vida amorosa era tumultuosa (pero también le regaló sus mejores escritos; sus mejores canciones). Era complicada. No escondía nada: “No tengo miedo de parecer vulnerable”, decía. Y es que solo hay que escuchar sus temas para entender, no solo esa vulnerabilidad, pero también sentir su dolor y saber que la oscuridad podía ser inminente.

Cuando falleció, el mundo asumió que se trataba de una sobredosis de drogas. Sin embargo, fue una droga legal la que le quitó la vida. Pues la investigación forense determinó que la causa inmediata de su fallecimiento había sido una intoxicación aguda con alcohol. Vodka.

En una reciente entrevista, Zalon, quien fue su corista y ahora tiene una carrera como solista, dijo: “Admiro que fuera honesta en su vida y en su música. Que fuera lo suficientemente valiente como para hablar de sus fortalezas, de sus debilidades y de sus defectos. Lo que más me irrita es que ya no está aquí porque creo que tenía mucho, muchísimo por ofrecer”.

Agregó: “[Amy] insistía en que conectara con mi verdad. Probablemente, el mejor consejo que te pueden dar. Y también me dijo que la fama no era real”.

“Mi mayor miedo es morir sin que nadie conozca alguna contribución que haya realizado a la música creativa”, dijo una vez la Amy. Pero diría yo que en donde esté debe estar tranquila. Aquí todos sabemos su contribución. Todos hemos sido testigos de cómo una muchacha de 5′ 3″ y 110 libras tenía una voz que movía montañas, y unas ideas para la música que podían llegar a ser demasiado innovadoras para algunos.

En fin, todos somos mortales, pero los buenos músicos, con o sin sus demonios, son como Amy: eternos.

Karla Figueroa
@LaKarlaFigueroa